¿Estamos preparados para el vehículo autónomo?

Si algo ha caracterizado a este 2015, en cuaVehículo autónomonto a tendencias futuras en los automóviles se refiere, ha sido la puesta en escena de los últimos avances sobre investigaciones en el desarrollo de vehículos totalmente autónomos. A lo largo del año hemos visto a grandes fabricantes anunciar sus últimos logros en este campo, algo que hasta ahora no se había hecho tan abiertamente. Parece que esta vez la cosa va en serio, no solo grandes fabricantes de automóviles están en la parrilla de salida, sino que otros gigantes de las nuevas tecnologías se han unido al reto dispuestos a ser los primeros en llegar a la meta, pero…¿está el ser humano preparado para los vehículos autónomos? ¿están los vehículos autónomos preparados para la sociedad actual?

Si alguien pudiese contestar a estas preguntas esos serían los expertos que se encuentren embebidos en su desarrollo y no yo. Mucho se ha escrito sobre este tema desde hace algún tiempo, el cual por generar expectación y a su vez polémica, ha provocado que prácticamente todo el mundo tenga su opinión al respecto.

Con esto no pretendo repetir aquello sobre lo que ya se ha escrito, sino simplemente describir la situación actual sobre el vehículo autónomo y dejar algunas preguntas abiertas que nos inviten a la reflexión.

Como todos sabemos, un vehículo autónomo es básicamente aquel que se conduce de forma autónoma, si necesidad de que un conductor lo maneje activamente. Para ello, dispone de una gran cantidad de sensores y dispositivos que le permiten identificar, ser identificado, controlar y comunicarse con el entorno a fin de poder guiarse y circular tal y como lo haría si a sus mandos estuviese un ser humano.

El comienzo de su andadura comenzó allá por los años 40 (Norman Bel Geddes, Feria Futurama), donde entonces aún no tenía una concepción tal y como la conocemos hoy en día. Sucesivos avances se dieron en los 80´s (Mercedes-Benz, Eureka Prometheus) llevados a cabo por diversas organizaciones e instituciones, que dieron lugar a vehículos capaces de autoconducirse y generar sus propias rutas a través de terrenos complejos. Ya en los 90´s y a comienzos del s. XXI proyectos más consolidados dieron sus frutos, con vehículos capaces de circular largas distancias (Múnich-Copenhage ida y vuelta) alcanzando altas velocidades (175 km/h).

Más recientemente, empresas comGoogle, AppleDaimler AG, AudiBMW, Renault, Ford o Volvo han sacado a relucir sus mayores avances, dejando claro que el vehículo ya no es una utopía sino algo alcanzable en un futuro muy próximo. Prueba de ello ha sido la relevancia que ha tenido el vehículo autónomo en el IAA 2015 (Salón Internacional del Automóvil de Frankfurt).

Por supuesto que aún existen limitaciones en los desarrollos tecnológicos, tales como la capacidad de reconocer y adaptarse a condiciones climatológicas o de terreno adversas, o circular por trayectos no cartografiados. Aun así, son limitaciones que solo requieren de tiempo para solventarse.

De las ventajas del vehículo autónomo no hablaré, ya que son muchas y fáciles de intuir. Más interesante considero los retos a los que se enfrenta, en mi opinión más complejos, cuya solución no será trivial y darán mucho que hablar.

Los retos del vehículo autónomo

A pesar del sensacionalismo utilizado en torno a los accidentes sufridos por los prototipos autónomos de Google, ninguno de ellos tuvo como culpable al vehículo autónomo. No obstante, no debemos olvidar que el vehículo autónomo es y será necesariamente un denominado vehículo conectado, es decir, que estará en continua conexión con otros vehículos, su entorno e internet, mediante las denominadas tecnologías V2V y V2I.

Y la dificultad no será como utilizar o implantar estas tecnologías, las cuales están prácticamente desarrolladas, sino que el auténtico reto estará en garantizar la seguridad en dichas comunicaciones, evitando ciberataques que violen la privacidad de datos o incluso que tomen el control del vehículo y pongan en peligro la conducción. A día de hoy, este es una de las principales incógnitas a resolver, y más aún tras haberse demostrado que la posibilidad de hackeo existe y es posible.

Saltando al plano jurídico y legal, nos encontramos con otra de las barreras que la sociedad actual deberá superar si queremos avanzar hacia la introducción del vehículo autónomo. A pesar de que algunos países (EE.UU) ya han comenzado a adaptar la legislación en materia de movilidad con vehículos autónomos para autorizar su circulación por vía pública, aún hay grandes lagunas o incluso inexistencia de regulaciones en muchos aspectos que son necesarias si se quiere introducir el vehículo autónomo de forma eficaz. Un ejemplo de ello lo encontraríamos a la hora de definir las responsabilidades jurídicas en caso de accidente. Por otro lado, al tratarse de vehículos “conectados”, la legislación sobre protección de datos y privacidad ha de ser adaptada adecuadamente para proteger a los usuarios.

No olvidemos que el vehículo por sí solo no serviría de nada sin unas carreteras por las que circular. He aquí otro de los grandes retos, la adaptación de las infraestructuras y, en general, del entorno con el que interactua el vehículo. Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de que nuestras ciudades aún no están equipadas con tecnologías que permitan su comunicación en tiempo real con vehículos autónomos. Y sinceramente no sé si implementarlo será fácil o difícil, pero estoy seguro de que sensorizar el entorno y equiparlo adecuadamente no será tarea de unos pocos meses.

Vayamos al plano social y humano que interviene en este tema. Por un lado tenemos el problema de la confianza, ¿te atreverías a sentarte en un vehículo cómodamente y delegar tu integridad física en el ordenador de a bordo? A mí personalmente, al menos al principio, me costaría bastante, a pesar de ser consciente de que la inmensa mayoría de accidentes de tráfico tienen el factor humano como causa principal. Supongo que con el tiempo me acostumbraría. Al fin y al cabo hoy en día medios de transporte como el ferrocarril y el avión son altamente dependientes de la tecnología, eso sí, bajo el control humano. Por ello, considero un reto conseguir que la sociedad acepte al vehículo autónomo como un medio de transporte fiable y seguro.

Y finalmente tenemos el problema ético del vehículo autónomo, sobre el cual no poco se ha escrito. Excelentes artículos al respecto han sido plasmados por diversos autores, tales como los publicados por Singularity hub o por wired.com. Y aquí no nos referimos a si debemos o no hacer uso de la inteligencia artificial con el riesgo de que algún día las máquinas aniquilen al ser humano. Sino que de lo que se trata es de responder a la pregunta: ¿qué decisión debe tomar el vehículo autónomo en caso de peligro inminente, si cualquier decisión que tome tendrá consecuencias fatales?

Un vehículo autónomo (al menos de momento) no tiene juicio ni capacidad propia de interpretación similar a la que tiene un humano, sino que debe ser programado para considerar todas y cada una de la situaciones a las que se enfrente, tomando la decisión “adecuada”. Pero, ¿cuál es la decisión adecuada? A veces, la decisión adecuada desde el punto de vista de eficiencia o economía no es una decisión justa, ética o moral.

¿Cuál debería ser el criterio para programar el vehículo en su toma de decisiones ante una situación de dilema moral? ¿Tomar la decisión que menos costes suponga? ¿O la que minimice la pérdida de vidas humanas? ¿Cumplir las leyes de circulación? ¿O quizá otro criterio distinto?

Mojándome y a sabiendas de que en un futuro siempre puedo editar este post y cambiar mi opinión, personalmente abogaría porque la decisión del coche autónomo fuese minimizar los daños y pérdidas humanas, pero… esto no es tan fácil. Aquí os pongo un ejemplo: supongamos que vamos montados en nuestro vehículo autónomo, el cual, tras una infracción producida por otro vehículo ajeno, obliga al nuestro a elegir entre una de las siguientes alternativas:

  • Alternativa 1: evitar colisionar con el otro vehículo y colisionar contra un muro. Resultado: 1 víctima mortal (yo).
  • Alternativa 2: evitar colisionar con el otro vehículo y atropellar a un grupo de peatones: Resultado: 2 víctimas mortales (los peatones).
  • Alternativa 3: colisionar con el vehículo culpable. Resultado: 2 víctimas mortales (infractor y yo).

Claramente la alternativa menos costosa es la alternativa 1 pero, ¿es justo que yo deba “suicidarme” por culpa de otra persona que ha infringido las normas? Claramente no es justo.

Entonces entre las alternativas 2 y 3, el número de víctimas es el mismo, pero de nuevo ambas implican la muerte de personas inocentes, lo cual no resuelve nuestro dilema ético.

No me enrollo más, espero que este post os haga reflexionar sobre los futuros retos a los que se enfrenta el vehículo autónomo y conectado que, si bien no son demasiados ni relacionados con la complejidad técnica, si supondrán largos debates y quebraderos de cabeza no solo para sus fabricantes sino para toda la sociedad en conjunto.

Espero que este 2015 hayáis disfrutado leyendo este Blog tanto como yo lo he hecho escribiendo, y que hayáis conseguido todo lo que os propusisteis a comienzo del mismo. Si no ha sido así, aún tenéis unos días para intentarlo.

Sin más os deseo a tod@s unas Felices Fiestas y una buena entrada en el Nuevo Año.

¡Nos vemos a la vuelta! ¡Feliz 2016!
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