Exceso de velocidad, ¿merece la pena?

Velocidad vs Tiempo

¿Cuántas veces habremos discutido esa pregunta con familiares, amigos o conocidos? Hace tan solo unas semanas el tema volvió a salir durante una comida familiar y, como de costumbre, hubo opiniones de todos los colores. Mi posición al respecto fue muy clara, y según van pasando los años más me reafirmo en ella. ¿Vosotros qué opináis? ¿Merece la pena exceder los límites permitidos de velocidad?

Mi respuesta es un rotundo NO, no creo que merezca la pena el exceso de velocidad. Creo que todos conocemos los pros y los contras de conducir con exceso de velocidad, y a continuación os introduzco los más significativos.

Contra: accidentalidad

Una de las desventajas, y para mí la más importante, es la inseguridad en la conducción y su incidencia en la accidentalidad.

Según la DGT: “Uno de cada cuatro fallecidos en accidente de tráfico en España tiene su causa raíz en el exceso de velocidad. En 2013 en nuestro país, 366 personas fallecieron y 1.518 resultaron heridos graves en accidentes en los que la velocidad fue uno de los factores concurrentes”. El exceso de velocidad es el cuarto factor de riesgo fundamental para la seguridad vial, tal y como refleja el Informe sobre la situación mundial de la seguridad vial 2013 elaborado por la OMS.

Las cifras anteriores no son para nada despreciables, y más aún teniendo en cuenta que el objetivo es llegar a 0 fallecidos y 0 heridos. Es común pensar que ni nosotros ni nadie cercano a nosotros formará parte algún día de esas estadísticas, el problema es que eso no siempre es así, y una vez que ocurra, no hay vuelta atrás.

Los hay que piensan aquello de: “bueno, el que quiera que corra y si tiene un accidente pues peor para él/ella…”. De nuevo discrepo, y es que hay que abrir un poco más la mente y mirar más allá de nuestras propias narices. En primer lugar, un accidente puede no solo implicar daños en aquel que excede la velocidad, sino que puede afectar a otras personas, ya sean conductores o peatones.

Y en segundo lugar, está claro que la vida de una persona no tiene precio, pero su fallecimiento o daños personales sí implican un gasto, más concretamente un gasto público. Según el estudio Los costes de la accidentalidad en la Red de Carreteras del Estado elaborado por el RACC, el coste asociado a cada víctima en accidente de tráfico asciende en España a 1,4 millones de euros por cada persona fallecida y 219.000 euros por cada herido grave.

Si hacemos una aproximación con los datos anteriormente mencionados durante 2013, tenemos aproximadamente:

  • Costes por fallecidos: 366 fallecidos x 1,4 (M€ / fallecido) = 512,4 M€
  • Costes por heridos graves: 1.518 heridos x 219.000 (M€ / herido) = 332,4 M€
  • Costes totales por exceso de velocidad: 844,8 M€

Para que os hagáis una idea, según el Proyecto de Presupuesto del Ministerio de Fomento en 2013 se dedicaron 818M€ a la conservación de la red de carreteras del estado, mientras que en el Proyecto de Presupuesto para 2015 dicha cifra asciende a 935M€.

Es decir, si cada uno de los fallecidos y heridos en 2013 hubiesen tenido mejor suerte, el Estado se hubiese ahorrado una cantidad de dinero similar a lo que destinó a la conservación de la Red de Carreteras. Así y con esto, reinvirtiendo esa cantidad ahorrada se entraría en una dinámica de mejora y reducción de accidentes, de ahí la importancia de que los conductores nos concienciemos, ya que merece la pena respetar los límites de velocidad.

Contra: estrés

De sobra es sabido que conducir a una mayor velocidad requiere de una mayor atención y estado de alerta, lo cual si se realiza de forma prolongada acarrea una acumulación de estrés y cansancio en nuestro organismo. Según la DGT el 76% de los conductores conduce con estrés frecuentemente.

Generalmente el organismo pasa por tres fases para reaccionar al estrés:

  1. Reacción de alarma: se acumula energía para reaccionar ante el factor estresante.
  2. Fase de resistencia: si el factor estresante persiste, el cuerpo resiste en estado de alerta.
  3. Fase de agotamiento: el organismo entra en esta fase como consecuencia del esfuerzo permanente realizado, disminuyendo su rendimiento, concentración y habilidad.

Para mayor información sobre la correlación entre estrés, velocidad y peligro, te animo a que consultes el siguiente documento elaborado por la DGT titulado “Otros factores de riesgo: el estrés”.

En cualquier caso, lo que está claro es que estrés y exceso de velocidad están íntimamente relacionados, lo que empeora nuestro estado de salud considerablemente, además de aumentar el riesgo de accidente. Una vez más, el empeoramiento del estado de salud tiene un efecto directo sobre los costes sociales.

Contra: multas por infracción

Para aquellos que solo miran lo lleno o vacío que está su bolsillo, quizás esta desventaja sea de las más importantes. Si no respetas los límites, tendrás que colaborar de alguna manera a sufragar esos costes sociales mencionados anteriormente.

Las sanciones en vigor por exceso de velocidad son:

De acuerdo a la tabla anterior y según los datos publicados por el diario El País, un 33% de todas las sanciones impuestas por la DGT durante 2014 fueron debidas al exceso de velocidad, que supusieron unos ingresos de 129,6M€. Parece ser una cifra aún baja si lo comparamos con los costes sociales que supone la accidentalidad por exceso de velocidad.

Generalmente hay conductores que se enervan hablando de este tema y aludiendo al afán recaudatorio de los radares. Mi pregunta a todos ellos es: ¿por qué has de preocuparte por las multas? Si circulas correctamente y respetando los límites no tienes motivos por los que preocuparte. Si, por el contrario, te enfadan y preocupan los radares, quiere decir que infringes las normas frecuentemente, que pones en riesgo tu vida y la de los demás, aumentando las probabilidades de causar gastos importantes. Por lo tanto, ¿no crees que deberías contribuir a ello y paliar dichos gastos a base de multas?

Si instalar y operar radares fuese gratis, yo pondría uno en cada tramo de carretera existente. Por desgracia hay conductores que solo entienden el lenguaje de las multas, ¡qué menos que su irresponsabilidad sirva para financiar una mejor educación e infraestructuras viales para futuras generaciones!

Es cierto que hay tramos con condiciones particulares que permiten la circulación por encima de los límites permitidos sin riesgo alguno, pero dado que no todo el mundo sabe o quiere distinguir dichas particularidades, la única solución pasa por imponer límites y sanciones.

A finales de 2014 había aproximadamente 26 millones de conductores censados, de los que en torno a un 50% suelen circular con exceso de velocidad. Si se repartiesen las sanciones de 2014 entre los 13 millones de irresponsables al volante tan solo tocarían a 10€/conductor infractor. Pero claro esto no es así de fácil, ni todos son cazados, ni todos cometen las mismas infracciones, por lo que puedes tener la suerte salvarte y no pagar nada, o puede tocarte la china y ser pillado en una o varias ocasiones, pagando 100, 300, 400,…euritos.

¿Piensas que merece la pena estar entre esos “afortunados” que les tocará pagar a las administraciones el dinero que tenían ahorrado para sus vacaciones? Yo creo que no.

Contra: gastos del vehículo

Como última desventaja tenemos otros gastos que tocan el bolsillo de forma directa pero que no  parecen ser tan temidos ni claramente percibidos por el conductor. Y estos son los gastos adicionales inherentes al vehículo por el mero hecho de circular a mayor velocidad.

Como todo sistema mecánico, el vehículo sufre un mayor desgaste cuanto más agresivas sean sus condiciones de funcionamiento. En ese caso, una mayor velocidad requieren unos esfuerzos mayores en todos y cada uno de los componentes del vehículo, tales como ruedas, frenos, motor, dirección, suspensión…

Dejando a un lado el análisis de sistemas más complejos de evaluar en un vehículo, me centraré en dos de los elementos más afectados por la velocidad: los neumáticos y el consumo de combustible.

En lo referente a los neumáticos, además de otros factores, la velocidad y estilo de conducción afectan a la vida de los mismos, ya que mayor velocidad implica mayores temperaturas y esfuerzos que acabarán degradando las gomas más rápidamente.

Según datos obtenidos de la Fundación Timloto, a una temperatura ambiente de 19°C el simple hecho de aumentar la velocidad desde 64 a 112 km/h reduce la vida del neumático en un 45%. Conclusiones similares se pueden leer en artículos pertenecientes a grandes fabricantes como Continental o Goodyear.

Pero vayamos de nuevo a hacer un cálculo sencillo que nos abra los ojos. Supongamos que nuestro vehículo monta unos neumáticos 215/60 R17 96 H cuya vida estimada es de 40.000 km y un precio de 150€/unidad. Y nos disponemos ha realizar un viaje desde Madrid a Barcelona (600 km aprox.)

Para este trayecto tendríamos el siguiente gasto en neumáticos dependiendo de la velocidad media del vehículo:

  • Gasto en neumáticos a 70 km/h = (150 x 4) / 40.000 = 0,015 €/km recorrido
  • Gasto en neumáticos a 140 km/h = (150 x 4) / 20.000 = 0,03 €/km recorrido
  • Gasto Madrid-Barcelona a 70 km/h = 0,015 x 600 = 9€
  • Gasto Madrid-Barcelona a 140 km/h = 0,03 x 600 = 18€

Es decir, en un solo trayecto desde Madrid a Barcelona nos hemos gastado 9€ más simplemente por duplicar nuestra velocidad media, lo cual no significa que tardemos la mitad de tiempo.

Y ahora veremos qué pasa con el gasto de combustible. El mayor impacto en la resistencia al avance del vehículo lo produce la resistencia aerodinámica que, como indica su fórmula, depende del cuadrado de la velocidad. Por ello, el consumo de combustible se verá afectado negativamente y en gran medida por la velocidad a la que circulemos.

El modelo que ajusta el consumo con la velocidad es bastante complejo, no es cuadrático, y depende de muchos otros factores, tal y como se explica en el post de relatividad.org. Continuando con nuestro ejemplo de trayecto Madrid-Barcelona, podemos estimar el impacto que la velocidad tendría en nuestro bolsillo, suponiendo que la gasolina está a 1,4€/l y que llevamos un vehículo cuyo consumo es de 7l/100km y 9,5l/100km para velocidades medias de 90 km/h y 120 km/h respectivamente:

  • Gasto del trayecto en combustible (a 90 km/h) = (7/100) x 600 x 1,4 = 58,8€
  • Gasto del trayecto en combustible (a 120 km/h) = (9,5/100) x 600 x 1,4 = 79,8€

Es decir, que aumentar la velocidad media en nuestro trayecto de 90 a 120 km/h nos supondrá un gasto de 21€ más. ¡Y ojo porque a mayores velocidades la diferencia es aún mayor! A la luz de lo anterior no cabe duda de que nuestro vicio por pisar el acelerador aligerará el peso de nuestra cartera enormemente.

Bueno pero…si piso el acelerador al menos llegaré antes a mi destino, ¿cierto? Pues no. Solo si el trayecto fuese completamente lineal y sin interrupción ahorrarías tiempo de trayecto, pero por desgracia te encontrarás con señales de tráfico u otros factores que te harán aminorar e incluso detener el vehículo, momento en el cual perderás toda “ventaja” que creías haber conseguido a mayor velocidad.

Pro: Diversión

Finalmente pondré una ventaja de circular con exceso de velocidad, para que todos aquellos amantes de la velocidad no se sientan indignados con lo escrito anteriormente. Y simplemente es eso, la diversión y el evitar el aburrimiento al volante.

Cierto es que conducir a baja velocidad o de forma monótona produce aburrimiento y, en ocasiones, somnolencia. A pesar de ello, yo personalmente creo que hay otras formas de contrarrestar dichos efectos que no sea mediante el aumento de la velocidad.

A casi todos nos parece divertido correr. Es más, yo siempre digo que correr sabe todo el mundo, que lo que diferencia un buen conductor de otro que no lo es, es saber cuándo y cómo parar. Cada uno tenemos nuestra escala de valores, y en ocasiones pagamos por momentos de ocio. Lo que cada uno debe analizar es si esa diversión compensa los riesgos y gastos que lleva consigo el aumentar la velocidad.

En mi opinión no compensa, ya que si quiero pasar un buen rato de ocio a base de adrenalina y velocidad existen hoy en día multitud de ofertas que me lo proporcionan por un precio asequible, tales como vueltas en circuito cerrado o una simple tarde de karting con tus amigos.

¿Te he convencido?

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