De profesión fabricante,…¿o ensamblador?

No hace mucho tiempo comentaba con un compañero de trabajo la manecars-35082_640ra en la que los grandes “fabricantes” de automóviles estaban orientando sus funciones y desarrollo. Nos dimos cuenta de que la palabra fabricante había perdido su sentido completamente, ya que más que fabricar, las grandes marcas se dedican hoy en día a ensamblar.

Y más aún, nos preguntamos qué estaba pasando en sus oficinas de desarrollo de producto. La conclusión a la que llegamos fue bastante impactante…

De la fabricación… al montaje.

No hay duda de que la producción en serie del Ford T en 1908 ya se trataba de una operación principalmente de ensamblaje, y no de fabricación pura. No obstante, la idea ha evolucionado hasta nuestros días adquiriendo una dimensión muy superior. Hay que darse cuenta de en qué medida ha aumentado el número de componentes y la complejidad de un vehículo.

Yo, sinceramente, sabiendo que cada componente viene de un proveedor diferente, situado en cualquier parte del Mundo, me fascina ver cómo salen los vehículos de fábrica rodando a la perfección tras ser ensamblados. Es algo que nos da una idea de cómo ha avanzado la industria, su estandarización, la empresa y la globalización.

Pero volviendo al tema que nos ocupa, vemos cómo los llamados “fabricantes” de automóviles, lo que principalmente hacen es ensamblar una serie de partes, piezas o sistemas, creando el vehículo final, por lo que sería más lógico llamarles ensambladores y no fabricantes. Ello indica que los proveedores de la industria auxiliar se han convertido en una pieza principal de la cadena de suministro, haciendo realmente una función de fabricación pura.

Esto es algo que, en lo que a desarrollo industrial se refiere, es bastante comprensible, ya que desde el punto de vista de costes sería impensable que un “fabricante” se integrase verticalmente a todos los niveles convirtiéndose en fabricante de todos y cada uno de los componentes del vehículo. No obstante, a día de hoy existen casos de fusiones, adquisiciones y otros acuerdos entre “fabricantes” y proveedores que permiten un mayor control de la cadena de suministro sin incurrir en altos costes de fabricación.

Para aquellos que tengáis curiosidad, aquí os dejo un documental sobre el ensamblaje del MINI:

 Del desarrollo propio… a la subcontratación.

Algo que aún más nos llamaba la atención a la par que mi compañero y yo hablábamos, era cómo había evolucionado el desarrollo de producto. Karl Benz o Henry Ford diseñaron y desarrollaron sus vehículos prácticamente en su totalidad, probablemente con ayuda de colaboradores.

Sin embargo, conforme la industria del automóvil fue avanzando, complicándose y especializándose, los “fabricantes” comenzaron a crear equipos de ingenieros especializados y encargados de desarrollar los diferentes sistemas del vehículo por separado.

Actualmente, el papel de los diferentes proveedores ha cobrado una importancia crucial ya que, a pesar de que el desarrollo principal de producto es realizado por el “fabricante” del vehículo, el proveedor actúa como experto en su campo, colaborando activamente con el “fabricante” en el desarrollo del producto o sistema en cuestión.

Se podría decir que, de alguna manera, los ingenieros especialistas de los proveedores se han convertido en asesores y colaboradores en el diseño y desarrollo del producto o sistema, junto con los ingenieros pertenecientes a los “fabricantes”. Y esa colaboración se hace tan estrechamente que en ocasiones es difícil distinguir los roles de unos y otros, hasta tal punto que, a día de hoy, los “fabricantes” suelen exigir por contrato que ingenieros y diseñadores de los proveedores sean residentes en sus instalaciones durante varios días a la semana, para trabajar in situ con sus propios ingenieros.

Es decir, se formaliza una subcontratación por proyecto de mano de obra cualificada.

Y dentro de unos años…¿qué?

Tras una pausa silenciosa, la pregunta era inminente: ¿qué configuración adoptará todo esto dentro de unos años? Mi respuesta fue clara, creo que todo apunta a que los llamados “fabricantes” se convertirán en simples marcas comerciales, con inmensas instalaciones de montaje repartidas en los principales polos industriales del mundo, y con oficinas de “desarrollo” e “integración” cuya función será coordinar a los distintos proveedores, que pasarán a convertirse en los reales desarrolladores y fabricantes de los subsistemas que forman el vehículo.

Quizás mi visión no sea del todo cierta, pero no creo que esté muy desviada de lo que nos encontraremos en un futuro. Gran parte de dichos rasgos son ya comunes hoy en día, y estoy seguro que el desarrollo de las tecnologías de la información acelerarán el cambio en gran medida.

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